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El Ayuno

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El ayuno nos ayuda a fortalecer la voluntad, para elegir siempre el bien y abrirnos a la gracia de Dios.

El ayuno desde la vida espiritual nos ayuda en dos aspectos, primero, es la forma como la voluntad se entrena con la renuncia a cosas buenas, para en su momento poder rechazar las malas. Segundo, ejerce una acción misteriosa, que permite al alma abrirse de una manera particular a la gracia y a la presencia de Dios, es decir, el alma toma más gusto por las cosas de Dios.

Cuando nos privamos de cualquier cosa relacionada con nuestros apetitos especialmente del placer (comer, beber, ver, oír, sentir) estamos acostumbrando a nuestra voluntad a recibir órdenes de nosotros y no de nuestras pasiones.

El ayuno es un ejercicio espiritual que consiste en renunciar voluntariamente a ciertos alimentos por un tiempo definido, con el fin de liberarnos de los apegos, aprender a dominar la voluntad y poner el corazón en Dios.

Jesucristo nos dejó el mejor ejemplo de ayuno, cuando se retiró al desierto para orar y ayunar por cuarenta días para preparar su ministerio público. (Lucas 4 y Mateo 4)

Por su ejemplo podemos comprender su crítica al ayuno de los fariseos porque se fundamentaba en la falta de sinceridad con que lo hacían y no en el ayuno mismo. El ayuno debe estar siempre unido a la conversión, la sinceridad y la buena conducta.

La persona que se habitúa al ayuno, es una persona habituada a la renuncia, domina sus pasiones, las somete a su voluntad, y cuando llegue la tentación estará fuerte para vencerla y dejarla pasar.

Si la voluntad está orientada a Dios, buscará evitar todo lo que lo separa de Dios y orientará todas sus acciones a Él.

El ayuno de comida nos abre de una manera misteriosa a la presencia de Dios, parece que el hambre corporal se fuera convirtiendo en hambre de Dios.  El ayuno debe estar acompañado de la oración, sin la oración será un tema de dieta, nada que ver con el fortalecimiento de la voluntad y de nuestro espíritu.

En este tiempo de Cuaresma, en la iglesia se ofrece el ayuno el Miércoles de Ceniza y todos los viernes de Cuaresma

En Oh My God! te traemos algunos tips que te ayudarán para poder poner en práctica este ejercicio espiritual, estos fueron tomados de nuestra propia experiencia y otras por recomendación de algunos sacerdotes.

  • Orar para ofrecer a Dios mi ayuno, desde la noche anterior puedes prepararte y orar ofreciéndole a Dios tu ayuno, o si no ese mismo día, pide a Dios por la gracia que estés necesitando o el sentido que quieres ver fortalecido con tu ayuno, durante el tiempo de ayuno podrás escuchar música de alabanza, o leer el salmo del día, también escuchar o leer el evangelio del día. Llénate de Dios, ojalá puedas también asistir ese día a la Eucaristía.
  • Empezar poco a poco tus renuncias, para empezar, podrías ayunar de café por un día si es que te gusta mucho, ayunar de postre, abstenerte de comer la proteína (carne, pollo o pescado), ayunar de Netflix, de redes sociales, de malas palabras, de novelas, practicar la abstinencia.
  • Cuando ayunes no es necesario que los demás se enteren (Mt 6,16-18), organízate, ponte lindo o linda, nadie tiene porque enterarse que estas ayunando, porque no ayunas para que los demás te vean, sino para que tu ayuno sea visto por tu Padre Dios y Él que ve en lo secreto te recompensará.
  • Ayuno de sólidos medio día, recuerda ofrecer tu ayuno a Dios, este día solo consume la bebida que tomas al desayuno, el café o chocolate, el resto de la mañana podrás tomar agua o aromática, al llegar al medio día agradece a Dios por su obrar durante este ayuno. Ojo come muy moderado no se trata de reponer lo que dejaste de comer en la mañana.
  • Ayuno saludable de todo el día, recuerda ofrecer tu ayuno a Dios, en la mañana toma la bebida de tu desayuno, a media mañana come un poquito de fruta o de cereal, al momento del almuerzo y la cena podemos tomar un poco de sopa, esto de comer un poquito cada vez que estamos acostumbrados a comer, para así controlar los jugos gástricos y proteger el estómago.  No olvidar llenarnos de Dios para fortalecer nuestra voluntad.
  • Estos son otros ayunos que se puede realizar el medio ayuno, que consiste en solo un café en la mañana, nada entre comidas y una comida ligera. Solo agua todo el día. Por la tarde puede tomar una cucharada de miel, sobre todo si tienes un trabajo que requiera mucho desgaste de energía.
  • Ayuno de pan y agua, que consiste en comer solo pan y agua. Lo mismo, puedes tomar una cucharada de miel a media mañana y a media tarde para recuperar energía.
  • Lo que dejas de comer puedes ofrecerlo a alguien que este necesitado de alimento así practicamos la caridad.

Para concluir, de lo que puedes estar seguro es que al iniciarte en el ayuno te abrirás a la santidad y tu vida cambiará radicalmente. El ayuno es el camino a la perfección cristiana.

oracion

La Biblia nos presenta numerosos ejemplos de ayuno en diferentes situaciones (Tomado de catholic.net):

 

Intercesión general para lograr auxilio del Señor

Ayuno hasta debilitarse las rodillas. (Salmo 109, 24)

En arrepentimiento y para evitar castigo:

La ciudad de Nínive ayuna colectivamente al escuchar la predicación de Jonás (Jonás 3,4-7)

«Volved a mí de todo corazón, con ayuno, con llanto, con lamentos» (Joel 2,12)

En caso de peligro:

«En cuanto a mí, me estuve en el Monte, como la primera vez, cuarenta días y cuarenta noches, en ayuno. También esta vez me escucho Yahveh y renunció a destruirte». (Deuteronomio 10,10)

Saúl ayunó ante la batalla con los filisteos (Cf. I Samuel 28, 20-22)

Ajab ayunó al escuchar la profecía de desgracia pronunciada por Elías (I Reyes 21, 27)

Josafat ayunó cuando las naciones le hicieron la guerra (II Crónicas 20, 3-4)

David ayunó ante la persecución injusta. Ayuna y hace penitencia (Salmo 35,13)

Ante la amenaza de Nabucodonosor, los Israelitas ofrecen alabanzas, intercesión, penitencia y ayuno. El Señor oyó sus voces y vio su angustia. (Judit 4, 9-15)

En Ester 4,16, ella le dice a Mardoqueo: 

«Vete a reunir a todos los judíos que hay en Susa y ayunad por mí. No comáis ni bebáis durante tres días y tres noches. También yo y mis siervas ayunaremos. Y así, a pesar de la ley, me presentare ante el rey; y si tengo que morir, moriré«. (Ester va a ir ante el rey a defender a su pueblo que estaba condenado a morir. Va a desenmascarar al enemigo) 

Ante decisiones y actos importantes:

Moisés está cuarenta días y cuarenta noches, si comer pan, ni beber agua. Y escribió las nuevas tablas de la ley. (Éxodo 34,28)

Mientras estaban celebrando el culto del Señor y ayunando, dijo el Espíritu Santo: «Separadme ya a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado.» Entonces, después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y les enviaron. (Hechos 13, 2-3)

«Designaron presbíteros en cada Iglesia y después de hacer oración con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído». (Hechos 14,23) 

En la batalla contra el demonio:

«Esta clase de demonio solo puede ser expulsado por la oración y el ayuno» (Mc 9, 29)

El beneficio del ayuno en la batalla se deduce también de estos pasajes:

«Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia» (Col 1, 24)

«Los atletas se privan de todo y eso por una corona corruptible, nosotros, en cambio, por una incorruptible.» (1 Cor 9, 25)

«Pues la carne tiene apetencias contrarias al espíritu y el espíritu contrarias a la carne, como entre si antagónicos, de forma que no hacéis lo que quisierais» (Gal 5, 17)

En caso de duelo:

Los hombres de Yabes de Galaad ayunaron por siete días después de enterrar a Saúl y sus hijos. (I Samuel 31,13)

David ayunó al conocer la muerte de Saúl y Jonatán (II Samuel 1, 12) y al enterarse que Abner había muerto (II Samuel 3, 35) 

Después de un desastre:

Los israelitas ayunaron cuando fueron derrotados por los benjamitas (Jueces 20, 26)

El profeta Joel proclama el ayuno público tras una plaga. (Joel 1, 14)

Día de expiación: Era día anual de ayuno para los israelitas. (Levítico 16, 29-30)

«Ayunareis. Porque en ese día se hará expiación por vosotros para purificaros». Además de ese día, los reyes o profetas podían llamar a un día especial de ayuno.

Después de la destrucción del Templo y del exilio en Babilonia se instituyeron al menos cuatro días de ayuno: el ayuno en el cuarto mes (el día noveno de Tammuz, cuando las murallas de Jerusalén fueron tomadas por los babilonios); el ayuno del quinto mes (cuando el Templo fue incendiado del séptimo al décimo día del mes); el ayuno del séptimo mes (en memoria del asesinato de Guedalías en el año nuevo) (Jer 41, 1-2); y el ayuno del décimo mes (el noveno día cuando Jerusalén fue sitiado por los Babilonios) (Zac 8,19).

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