
Con el Miércoles de Ceniza iniciamos la Cuaresma y debe verse como un signo positivo. La Cuaresma es un tiempo para renovar nuestra fe y caminar con Jesús hasta llegar a la Pascua de Resurrección.
La Cuaresma dura cuarenta días, desde el Miércoles de Ceniza hasta el Jueves Santo, continúa con la celebración del Triduo Pascual formado por el Viernes Santo, el Sábado Santo y el Domingo de Resurrección. Son cuarenta días en que acompañamos a Jesús en el recorrido hacia su Pasión, Muerte y Resurrección.
Cuarenta es un número simbólico porque nos recuerda los cuarenta días de Jesús en el desierto antes de iniciar su vida pública. Así como los cuarenta años que pasó el pueblo judío buscando la tierra prometida. También las cuarenta horas desde la muerte de Jesús en la cruz hasta el amanecer del Domingo de Resurrección.
La ceniza se obtiene de quemar las palmas usadas el Domingo de Ramos del año anterior. Esta costumbre viene desde el siglo XII.
Si vemos en la Biblia, la ceniza es un acto de penitencia, los primeros cristianos se rociaban con ceniza (en público) como señal del arrepentimiento de sus faltas.
Entonces iban vestidos con hábito penitencial y se rociaban la cabeza con ceniza para mostrar su arrepentimiento, de esta forma le mostraban al mundo que se consideraban pecadores y tenían deseos de conversión.
En el siglo XI desapareció la institución de los penitentes como grupo. Se vio la necesidad de que todos recibiéramos la ceniza como signo de que necesitamos un giro y un cambio de vida.
Anteriormente al imponer la ceniza se decía:
“Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás” (Gen 3; 19)
Palabras tomadas del Génesis, recordándonos como dice el mismo Génesis, que Dios formó al hombre del polvo de la Tierra.
Estas palabras nos hacían reconocer lo pasajero de la vida, pensar lo frágiles que somos y en que no debemos dar tanta importancia a las cosas materiales de esta vida, sino reflexionar en lo fundamental, que es la preparación para la vida eterna.
Aunque todo esto es muy importante, es necesario que dejemos de ver el Miércoles de Ceniza y la Cuaresma como algo negativo: arrepentimiento, muerte, regreso al pasado y verlo como un signo positivo, un renovar y recorrer junto a Jesús el camino, hasta llegar a la Pascua de Resurrección, que es el triunfo sobre la muerte, la alegría de la vida eterna.
En el Concilio Vaticano II se propuso cambiar el texto y la idea anterior y sustituirlo por el primer mensaje de Jesús:
Conviértete y cree en el evangelio (Mc 1; 1,15)
Convertirse:
En el Antiguo Testamento significaba regresar, era un arrepentirse de la vida actual y dar marcha atrás. Un volver al cumplimiento de la ley.
En el Nuevo Testamento significa seguir a Jesús, incluye desde luego el arrepentimiento de las faltas y la penitencia, pero no debe quedar ahí, es ver y caminar hacia delante, es aceptar el don gratuito de la salvación que nos ofrece directamente Dios.
Creer:
La Fe es la entrada al nuevo camino; es iniciarlo, permanecer y confiarse; es responder Sí a la propuesta de Dios; es entregarse a la Palabra creadora del mundo y a la Verdad; es creer en un solo Dios en Tres Personas, descubriéndolo en Cristo Jesús.
Evangelio:
Evangelio es una palabra de origen griego que significa “Buena Noticia” o “Buena Nueva”. Es la Palabra de Dios, del Dios-Hombre, de Jesús, inspirada por el Espíritu Santo a los cuatro evangelistas, que narran la vida, los milagros y el mensaje de Jesucristo.
Como vemos, la ceniza no nos sirve para la buena suerte, tampoco es un rito mágico, no nos quita nuestros pecados, para ello tenemos el Sacramento de la Reconciliación (que antes llamábamos confesión), que como su nombre mismo nos dice, representa reconciliarnos con nosotros mismos, con nuestros semejantes y finalmente con Dios.
La ceniza es un signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión.
Es el inicio del camino de la Cuaresma, para acompañar a Jesús desde su desierto hasta el día de su triunfo sobre la muerte que es el Domingo de Resurrección.
Debe ser un tiempo de reflexión de nuestra vida, de entender a donde vamos, de analizar cómo es nuestro comportamiento con nuestra familia y en general con todos los seres que nos rodean.
En este tiempo de Cuaresma podemos ofrendar a Dios pequeños sacrificios por nuestra conversión como: el ayuno y abstinencia, el Miércoles de Ceniza y Viernes Santo, y la abstinencia todos los viernes de Cuaresma. Lo hacen quienes tengan de 14 a 59 años. Puedes practicar la caridad ofreciendo al necesitado lo que dejas de comer mientras ayunas o te abstienes de comer carne.
Para vivir esta Cuaresma como un camino de conversión y fe, en Oh My God te proponemos un reto cuaresmal para este tiempo, desde el Miércoles de Ceniza puedes seguirnos en nuestras redes sociales en Instagram y Facebook.

