
En esta ocasión queremos mostrarte algunos elementos que nos permiten ver unas relaciones inadecuadas con Dios.
Llamar a nuestro Señor Dios, es una manera impersonal de hablar, “Dios”, este es un nombre genérico y universal, pero no personal, alejado de nuestra realidad.
Cada uno se hace una imagen de Dios, de acuerdo a su personalidad o a la relación que tenga o haya tenido con sus padres.
Llamar a Dios como mi Padre, mi creador, implica encuentro personal con él, una relación íntima, un trato personal con nuestro padre Dios, solamente así podremos reconocerlo como es.
A continuación, te presentaremos algunos falsos rostros que podemos tener de Dios.
DIOS DE LOS ESCAPES
Buscamos escaparnos cuando hay problemas, cuando no queremos asumir compromisos, cuando hay miedos buscamos a:
Dios bombero brinda una solución inmediata y ya no es necesario; que apague el incendio, un Dios que soluciona mis problemas, y hasta ahí va la relación con Dios, sin compromisos. Dios allá y yo por acá. Así cada vez que se requiera.
Dios mago, al que buscan para que desaparezcan los problemas y aparezcan soluciones maravillosas, que se muestre y solucione los problemas mágicamente. Igualmente, sin comprometernos.
Dios policía, el que buscamos para que sirva de árbitro en medio de los problemas y de las personas en el conflicto, es el informador que conoce todo y sabe todo. Así que es Dios el que nos informa los secretos de la otra persona, y así nos metemos en la intimidad de otras personas. Dios que me informa y hace justicia a mi favor.
Dios médico, que me solucione los problemas de salud, sin tratamiento, sin proceso, sin dieta, sin disciplina, “no queremos sanarnos solo queremos aliviar el dolor”, una solución inmediata de Dios.
Cuando no queremos asumir nuestra responsabilidad frente a nuestros actos, ni afrontar las consecuencias, ni tener compromisos nos inventamos un Dios a nuestro acomodo.

DIOS CULPABLE
Ante los desastres, la enfermedad, el fracaso, la muerte de inocentes, el culpable es Dios. Todo lo inexplicable, lo desastroso aparece como que lo mando Dios. “Dios que prueba al ser humano”.
Ante todas las situaciones inexplicables aparece la pregunta: -¿Por qué? Santiago en la palabra de Dios nos dice:
«Ninguno, cuando sea probado, diga: «Es Dios quien me prueba»; porque Dios ni es probado por el mal ni prueba a nadie. Sino que cada uno es probado por su propia concupiscencia que le arrastra y le seduce. Después la concupiscencia, cuando ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, una vez consumado, engendra la muerte.» (Santiago 1,13-15)
Cuando Dios no se acomoda a los deseos personales, se buscan respuestas a su actuar, a las situaciones inexplicables de la Nueva Era, en pseudorreligiones, pseudofilosofias, en religiones animistas y experiencias similares. Lo que no se encuentra en la Iglesia Católica es buscado en otras experiencias, que dan ideas supuestamente más claras y escondidas en misterios y fases evolutivas solo para iluminados.
Podemos caer en fanatismos y manifestaciones inadecuadas de la relación con Dios, que solo nos lleva a una religiosidad mal entendida y peor aun presentándola como oficial.
Se acepta a Dios a mi antojo, o se toma la decisión de que “Dios no existe», cuando no se puede manipular a Dios, entonces se dice que Él es un invento para manipular al ser humano.

DIOS NO EXISTE
Cuando afirmamos que Dios no existe y por lo mismo el ateísmo, en primer lugar, es fruto del resentimiento (personal, familiar o social) y, en segundo lugar, fruto de la reflexión y el estudio.
Las personas que profesan el ateísmo, atacan a Dios de los escapes y a Dios culpable, porque tienen unas falsas e insuficientes imágenes de Dios, porque no han tenido un encuentro personal con Dios.
Con lo dicho anteriormente, podemos concluir que, no se puede demostrar que Dios existe, pero tampoco se puede demostrar que no existe.
Dios no es efecto de demostración, sino de mostrar, Dios se debe mostrar en los actos coherentes de nosotros los cristianos.
A Dios se le experimenta cuando se establece un encuentro personal con Él y afecta todas las raíces de la existencia, y la persona no queda igual.
El verdadero rostro de Dios Padre lo podemos ver en Jesucristo, y en la palabra que nos dice:
«Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.» (Mateo 11,27)

